Romanos 12:11 en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor
La viva y verdadera devoción presupone el amor de Dios. Pero no es un amor cualquiera.
Cuando el amor divino llena de belleza nuestras almas, se llama gracia, y es la gracia la que nos hace agradables a su divina Majestad. Cuando nos da fuerzas para obrar bien, se llama caridad. Sin embargo, cuando llega a tal grado de perfección que no solo nos hace obrar bien, sino también con cuidado, frecuencia y prontitud, entonces se llama devoción.
La devoción es una agilidad, una viveza espiritual por medio de la cual la caridad hace obras en nosotros, o nosotros por ella, pronta y afectuosamente. Así como corresponde a la caridad el hacernos cumplir de manera general todos los mandamientos de Dios, corresponde también a la devoción hacer que los cumplamos con ánimo pronto y resuelto. Para sere bueno se ha de tener caridad, y, para ser devoto, además de la caridad se requiere una gran diligencia y presteza en los actos de esta virtud.
De un texto por San Francisco de Sales. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
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