El siervo de Dios sufre muchas dificultades cuando recuerda sus acciones pasadas, y, muchos, después de la conversión y contra su voluntad, tienen que soportar aún el incentivo de la pasión. Pero esto no lo sufren para condenación, sino para estímulo, para que tengan siempre, un enemigo a quien resistir con tal que no consientan. Por esto conocen los siervos de Dios que ciertamente han sido purificados de sus pecados, pero que, sin embargo, se ven todavía atormentados por las molestias de torpes pensamientos.
-San Isidoro