lunes, 31 de enero de 2011

El cuenco de madera

Un hombre anciano vivía con su hijo, su nuera y su nieto de 4 años. Las manos del anciano temblaban, su vista estaba nublada y su paso era inseguro. La familia solía sentarse unida a la mesa, pero las manos temblorosas y la mala vista del anciano hacían difícil la comida. Los guisantes se caían de la cuchara al suelo. Cuando agarraba el vaso, la leche se derramaba en el mantel.

Esto era irritante para su nuera y su hijo, que dijo "Tenemos que hacer algo con mi padre. Ya estoy cansado de esa leche derramada, de su ruido al comer y de la comida en el suelo". Así pues, colocaron una pequeña mesa en un rincón. Allí pusieron a comer al anciano sólo mientras el resto de la familia disfrutaba las cenas. Como el viejo había roto ya un par de platos, le servían la comida en un cuenco de madera.

A veces podía verse una lágrima en el ojo del anciano mientras comía sólo. Aún así, las únicas palabras que la pareja tenía para él eran de reprensión cuando se le caía el tenedor o la comida. El niño de 4 años observaba todo en silencio.

Un día antes de la cena, el padre notó que su hijo estaba tratando de tallar algo con un trozo de madera. "¿Qué haces hijo?" le preguntó al chiquillo. El niño respondió sonriendo: "Oh, sólo estoy haciendo un pequeño cuenco para mamá y para tí, así podréis comer cuando yo crezca".

Aquella noche, el marido tomó al abuelo y lo volvió a sentar con amabilidad a la mesa con el resto de la familia, donde siguió comiendo cada día.

Por David Lagerfeld


Traducido de: http://www.davidsemporium.co.uk/_FORTYTHREE3.html

2 comentarios:

Pilar dijo...

Hace una semanas murio una tia con 96 años, durante muchos año hemos sido con ella cariñosos mucho mas de lo que ellas lo fue con nosotros a los largo de su vida, mujer tacaña hasta el extremo no solo en lo material sino tambien en lo espiritual, jamas quiso a nadie, solo a si misma. Durante años fue acumulando una considerable fortuna, fortuna que ha utilizado para comprarse un lugar en el cielo, ha dejado todo su dinero a la iglesia para misas por su alma.
Yo creo en un Dios Justo y bueno, un Dios que que juzgará mas nuestros actos en la tierra y probablemente ese dinero que ha ido a las manos de la iglesia habria sido mucho mejor para ayudar a su familia que lo necesita mucho mas.
Sirva este comentario para todos aquellos que como mi miserable tia quieran comprar su parcela de cielo. El cielo no se compra, el cielo hay que ganarselo en la tierra.

Roberto R. dijo...

Generalmente nos duele cuando algun familiar muere y deja su fortuna a otra instancia que no es su propia familia; pero los responsables de sacar adelante a los nuestros y nuestros compromisos, somos nosotros mismos. No hay obligacion de los difuntos de dejar esa anhelada herencia en nuestras manos... seria lo ideal, pero a veces no sucede. Y es facil juzgarles de tacaños y miserables. ¿Pero cual fue nuestra relacion con ellos? ¿De interes solamente? ¿Entonces, cual calificativo merecemos?