Lucas 22:53 Estando a diario en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora la del poder de las tinieblas.
Aquí emerge una lección. El mal tiene su hora.
Pero Dios tiene su día. Y esa hora del mal es inseparable del día del Señor. Es una con él. A menos que la semilla tenga su hora cuando cae a la tierra y muere, nunca tendrá el día en el que se levante a novedad de vida. Sin la lucha contra el mal en su hora, nunca habrá un día de paz. A menos que haya un Viernes Santo en nuestras vidas, nunca habrá un Domingo de Resurrección. A menos que haya una corona de espinas, nunca habrá un halo de luz. A menos que haya un cuerpo azotado, nunca habrá un cuerpo glorificado. Y esa es la respuesta de cómo podemos celebrar la resurrección en un mundo que es como un Viernes Santo.
-Fulton Sheen
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