La purificación y la curación ordinaria, se hace poco a poco, paso a paso, por grados, de adelanto en adelanto, con dificultad y con tiempo.
Los ángeles de la escalera de Jacob tienen alas, pero no vuelan, sino que suben y bajan en orden, escalón a escalón. El alma que se remonta desde el pecado a la devoción, es como la aurora, que, cuando aparece, no disipa en un instante las tinieblas, sino que lo hace lentamente. Dice un dicho que cuanto menos precipitada es la curación, también es más segura: las enfermedades del corazón, como las del cuerpo, vienen a caballo y al galope, pero se van a pie y paso a paso.
-San Franciso de Sales
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