martes, 17 de marzo de 2026

3 Armas contra Satanás

 Te diré las tres armas poderosas contra Satanás.

Primero, el santo nombre de Jesús. Ese es el nombre que Satanás no puede soportar, porque en el nombre de Jesús toda rodilla se doblará en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra.

La segunda, la sangre de Cristo. La invoación de la sangre de Cristo. Pero, somos salvos con la sangre de Cristo, por tanto, en la tentación, clama sobre su sangre, porque sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecados.

Terceramente, la devoción a nuestra Madre Bendita, porque al principio, en el libro del Génesis, fue la simiente de la mujer la que aplastaría la semilla de Satanás.

Estamos armados con estas tres armas. El santo Nombre, la sangre de Cristo y la Madre bendita.

Traducido de un audio por Fulton Sheen.


¿Qué es la devoción? - San Francisco de Sales

Romanos 12:11 en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor 

La viva y verdadera devoción presupone el amor de Dios. Pero no es un amor cualquiera.

Cuando el amor divino llena de belleza nuestras almas, se llama gracia, y es la gracia la que nos hace agradables a su divina Majestad. Cuando nos da fuerzas para obrar bien, se llama caridad. Sin embargo, cuando llega a tal grado de perfección que no solo nos hace obrar bien, sino también con cuidado, frecuencia y prontitud, entonces se llama devoción.

La devoción es una agilidad, una viveza espiritual por medio de la cual la caridad hace obras en nosotros, o nosotros por ella, pronta y afectuosamente. Así como corresponde a la caridad el hacernos cumplir de manera general todos los mandamientos de Dios, corresponde también a la devoción hacer que los cumplamos con ánimo pronto y resuelto. Para sere bueno se ha de tener caridad, y, para ser devoto, además de la caridad se requiere una gran diligencia y presteza en los actos de esta virtud.

De un texto por San Francisco de Sales. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

lunes, 16 de marzo de 2026

El propósito del sufrimiento - Fulton Sheen

 ¿Qué hace el dolor para volver a un hombre fuerte? Bien. El dolor es un purificador. Obtenemos conocimiento de los libros, pero la sabiduría se obtiene del sufrimiento.

Nunca vayas a consultar a alguien que no haya sufrido de alguna forma. El dolor es como tensar las cuerdas de un violín. Produce una melodía mejor. El dolor es como el mazo y el cincel que eliminan grandes bloques de soberbia y egoísmo para sacar la forma de la roca. El dolor es el quemar la escoria para revelar el oro.

Traducido de un texto por Fulton Sheen. Que el Señor les bendiga.

La eternidad y el temor. Fulton Sheen

El hombre moderno no sabe dónde va, no tiene certeza de su destino. Está como en una tormenta en medio del mar, y teme verse arrojado por la borda a la nada de la que procede.

Por eso vive con una sensación terrible de temor. Nuestro hombre moderno está temiendo las cosas equivocadas. Y gran parte de la cultura moderna está destinada a intentar suprimir ese temor. Pastillas para dormir, opiáceos, el amor constante por los pasatiempos y los placeres. Todo esto es lo que se intenta para suprimir ese terrible conocer y sentir de la nada y el temor de la nada.

¿Por qué una vaca jamás tiene temor? El cerdo nunca tiene psicósis.La gallina nunca tiene neurosis.¿Por qué ninguno de ellos tiene temor? Simplemente porqe ninguna de estas cosas de la creación inferior, nada que esté por debajo del hombre, tiene un alma que ha nacido para el infinito. Se necesita la eternidad para que un ser humano desespere. Si tan solo lo supieran.

Dije que temen las cosas equivocadas. Solíamos temer a Dios. Luego comenzamos a temer al prójimo. Y ahora comenzamos a temer ¿el qué? Comenzamos a tener temor de nosotros mismos. Algo a lo que nunca deberíamos temer.

De un texto por Fulton Sheen


domingo, 15 de marzo de 2026

Fe, filosofía y verdad, por Joseph Ratzinger

La fe no es un pensamiento en el que el yo, libre de toda atadura, imagina reflexionar sobre la misma fe. Más bien, la fe se produce por un diálogo, es una expresión de lo que se oye, de lo que se recibe y de la respuesta que, por la conversación entre el yo y el tú, nos lleva a un nosotros, acercándonos a los que creen lo mismo.

San Pablo dice que la fe viene por el oir. Esto puede paracer una idea de un tiempo determinado, una noción que, por tanto, puede cambiar. A alguien podría parecerle que es el resultado de la situación de la sociedad en aquel tiempo, y que, a lo mejor algún día la fe puede venir de leer o reflexionar. Pero la verdad es que ahí existe algo más que el reflejo de una determinada situación histórica. La frase de que la fe viene por el oír expresa una estructura permanente. La afirmación muestra la diferencia entre la fe y la filosofía pura, aunque en su ser más ínitimo la fe también mueva a la búsqueda filosófica de la verdad.

La fe nace de lo que se oye. Recibe lo que no ha pensado, de manera que pensar en la fe siempre es una reflexión acerca de lo que se ha recibido y esucuchado antes. La fe no es un producto de mis pensamientos, viene de afuera; la palabra no es algo de lo que dispongo y cambio a mi gusto, sino que se anticipa a mí mismo, a mi idea. La nota característica del acontecimiento de la fe es el positivismo de lo que viene a mí, de lo que no nace en mí ni me abre, de lo que yo no puedo dar; por eso se da una supremacía de la palabra anunciada sobre la idea, de manera que no es la idea quien crea las palabras, sino que la palabra predicada marca el camino del pensamiento. La primacía de la palabra y lo positivo de la fe van unidos a su carácter social; esto supone también una diferencia con la estructura individualista del pensar filosófico que en cuanto tal busca la verdad

En la filosofía lo principal es la búsqueda privada de la verdad; después, como algo secundario, busca y encuentra compañeros de viaje. La fe, por el contrario, es ante todo una llamada a la comunidad en la unidad del espíritu mediante la unidad de la palabra; su finalidad es, ante todo, social: suscitar la unidad del espíritu mediante la unidad de la palabra. Después, sólo después, abre el camino que lleva a la aventura de la verdad.

Devocional inspirado en un texto de Joseph Ratzinger.

Gloria sea al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Comienza contigo. Reflexiones de San Ignacio de Loyola

 


Filipenses 2:12-13 Por lo tanto, queridos hermanos, ya que siempre habéis obedecido, no solo cuando yo estaba presente, sino mucho más ahora en mi ausencia, trabajad por vuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien activa en vosotros el querer y el obrar para realizar su designio de amor. 

¡Todo sea para la gloria de Dios! Que tu primera regla de acción sea confiar en Dios como si el éxito dependiese completamente de ti y no de Él, pero emplea todos tus esfuerzos como si Dios solamente hiciese todo, y tú mismo, nada.

El que se dedica a hacer que otros sean mejores está perdiendo su tiempo a menos que comience consigo mismo. Un cambio de ambiente no implica un cambio de vida. La persona imperfecta será en gran medida igual donde quiere que esté, a menos que renuncie a sí misma. Puedes estar seguro de que el progreso que hagas en lo espiritual estará en proporción a tu grado de abandono del egoísmo y la preocupación por tu propio bienestar. Debes esforzarte mucho más por domar el interior que el exterior, por quebrantar el espíritu, más que los huesos.

Romanos 8:32 dice: "El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él?". La generosidad de Dios es inmensa. De Él podemos obtener lo que no conseguimos de otros seres humanos. Aunque ellos no nos den nada, de Dios podemos ganar todas las cosas.Cuanto más estrechamente te unas a Dios y cuanto más te entregues de corazón a su suprema majestad, más liberalidad tendrá Él contigo.

Devocional inspirado en los pensamientos de San Ignacio de Loyola.

Gloria sea al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

martes, 21 de enero de 2025

Las cartas de Pablo y la escritura de cartas en la antigüedad

 En este interesante artículo publicado inicialmente por West Huff en su blog, (de lectura obligada si sabéis leer en inglés) se da parcialmente respuesta a la pregunta de por qué los seguidores de Jesús (o Él mismo) no dejaron más cosas por escrito en su día. He creido que es de bastante interés traducirlo para el pueblo de Dios. 

Por Wes Huff

La escritura de cartas era una práctica común en el mundo antiguo. Por ejemplo, el pergamino Mich 8 490 (de la colección de la Universidad de Michigan) es una carta de un marinero que escribe a su madre mientras está en el mar.



"Apolinarius a Thaesion, su madre. Muchos saludos. Antes que cualquier cosa, te deseo buena salud y rindo pleitesía por ti a todos los dioses. Desde Cirene, donde encontré a un hombre que iba de viaje hacia donde estabas, consideré necesario escribirte acerca de mi bienestar".

La tableta Vindol. 291 es una invitación de una romana de clase alta llamada Claudia, escrita en latín a su amiga Lepidina.



"Claudia Severa a su Lepidina. Saludos. Hermana, el 11 de septiembre, para la celebración de mi cumpleaños, te doy una cálida invitación para asegurarme de que acudas a nosotros. Así harás que, por tu llegada, el día sea más disfrutable para mí si estás presente...".

La comunicación escrita puede encontrarse a lo largo del mundo antiguo. Por eso, cuando vemos las cartas del Nuevo Testamento, podemos entender que encajan en una categoría lógica e histórica.


"A mi hijo, el señor Dionysotheon, saludos de tu padre. Ya que se me concedió una oportunidad porque alguien iba hacia ti, no pude dejar pasar la ocasión de escribirte...".

La palabra "epístola" proviene del Latín y signfica simplemente "carta".


Pergamino con el final de la carta a los Romanos y el principio de 1 Corintios. El texto marcado dice "a los Corintios".

Pablo con frecuencia usa las fórmulas tradicionales de saludo que vemos en los retóricos romanos, cuando emplea el saludo judío: "Paz a vosotros"




Pergamino donde se lee "gracia y paz a vosotros de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo".

Coste de las cartas

Aunque las cartas no eran algo inusual, no dejes que la frecuencia te haga pensar que eran baratas. Hoy vivimos en una cultura alfabetizada en la que hacer guiones y múltipes borradores es algo que ni siquiera pensamos dos veces.

Si tenemos en cuenta los materiales, la ayuda de escribas y el tiempo, aquí tenemos algunas estimaciones del coste de las cartas de Pablo en dólares de hoy día:



Carta a los Romanos: 2275 dólares.

Carta a los Filipenses: 515 dólares.

Primera carta a los Corintios: 2108 dólares.

Carta a Filemón: 101 dólares.

Primera carta a los Tesalonicenses: 255 dólares.

La razón para unos costes tan exhorbitantes tiene que ver con la longitud de estos documentos. En promedio, los libros del Nuevo Testamento son mucho más largos que una carta romana típica.



Escritos antiguos de Cicerón y Séneca, comparados por su número de palabras con un comentario de las epístolas paulinas del siglo XIV.


Esto es algo de lo que no solemos tener conciencia hoy en día. Cuando la gente pregunta cosas como, "¿Por qué la gente no escribió lo que hizo Jesús mientras estaba vivo? ¿Por qué se escribieron los Evangelios décadas después de los sucesos?", muestran sus suposiciones modernas.
Hoy día vivimos en una cultura muy alfabetizada, en la que saber leer y escribir no es solo algo común, sino la norma.
La carta más larga de Cicerón (2530 palabras) o de Séneca (4134) se quedan cortas comparadas con la carta de Pablo a los Romanos (7114). Los oponentes de Pablo describen sus escritos como "pesados" (2 Corintios 10:10). No estaban ridiculizando solo el contenido de sus cartas, sino también su tamaño.
Y no olvidemos que el Evangelio de Lucas tiene 18450 palabras en griego.
Sin embargo, en su pico más alto, la alfabetización en el Imperio Romano solo alcanzó al 10%. La mayoría de las cartas eran escritas por escribas y el que la entregaba la leía en voz alta al receptor.

La norma no era escribir

La comunicación oral no solo era la norma, sino que la memorización y la paráfrasis se consideraba una forma más noble de aprender y enseñar. Esto combinado con el hecho de que producir o encargar una sola copia del Evangelio de Lucas hubiera costado el equivalente moderno de miles de dólares, consolida exactamente el por qué los testigos oculares no habrían escrito inmediatamente lo que sucedió de forma natural.
Las cartas de Pablo no solo se sitúan en la historia como algo comparable a la escritura greco-romana de su tiempo, sino que colocan a su autor como uno de los más consumados y competentes autores de cartas de su tiempo.