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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Munición contra la ansiedad Devocional John Piper 21/09

 

Filipenses 4:6: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias"

 

Cuando tengo ansiedad acerca de que mi ministerio sea inútil y vacío, lucho contra la incredulidad con la promesa de Isaías 55:11 "así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié".

Cuando tengo ansiedad por ser demasiado débil para hacer mi trabajo, lucho contra la incredulidad con la promesa de Cristo en 2 Corintios 12:9 que dice: "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad".

Cuando tengo ansiedad acerca de las decisiones que tengo que tomar con respecto al futuro, lucho contra la incredulidad con la promesa de Salmos 32:8 que dice "Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos".

Cuando tengo ansiedad por enfrentarme a oponentes, lucho contra la incredulidad con la promesa de Romanos 8:31: "Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?".

Cuando tengo ansiedad acerca del bienestar de aquellos a los que amo, lucho contra la incredulidad con la promesa de que, si yo, siendo malo, se como dar buenas cosas a mis hijos, ¿cuanto más el "Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" (Mateo 7:11).

Lucho por mantener mi equilibrio espiritual recordando que todo aquel que ha dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por Cristo, "recibirá cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna" (Marcos 10:29-30).

Cuando tengo ansiedad por estar enfermo, lucho contra la incredulidad con la promesa de Salmos 34:19 que dice: "Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Yahweh".

Y tomo la promesa de Romanos 5:3-5 con temblor: "La tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado"

jueves, 28 de agosto de 2014

Como luchar contra la ansiedad. Devocional John Piper 10/09

1 Pedro 5:7: "echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros"

 

Salmos 56:3 dice: "En el día que temo, Yo en ti confío".

Date cuenta de que él no dice: "nunca tengo miedo". El miedo viene, y la batalla comienza. Así que la Biblia no asume que los verdaderos creyentes no tendrán ansiedad. En lugar de eso la Biblia nos dice como luchar cuando esta golpea.

Por ejemplo, 1 Pedro 5:7: "echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros". No dice: "nunca tendrás ansiedades". Dice que, cuando las tengas, las eches sobre Dios. Cuando el barro salpica el parabrisas y pierdes temporalmente vista de la carretera y comienzas a desviarte en ansiedad, activa los limpiaparabrisas y echa agua.

Así que mi respuesta a la persona que tiene que tratar con sentimientos de ansiedad todos los días es decir: es más o menos normal. Al menos para mí, desde mis años de adolescente. El asunto es: ¿Cómo luchamos contra ellos?

La respuesta esta pregunta es: luchamos contra la ansiedad luchando contra la incredulidad y por la fe en la gracia venidera. Y la forma en que peleas "la buena batalla" es meditando en la seguridad que da Dios en su gracia venidera y pidiendo la ayuda de su Espíritu.

Los limpiaparabrisas son las promesas de Dios que limpian el barro de la incredulidad, y el líquido de limpiaparabrisas es la ayuda del Espíritu Santo. La batalla para ser liberados del pecado se lucha como dice 2 Tesalonicenses 2:13 "por el Espíritu y la fe en la verdad".

La obra del Espíritu y la Palabra de verdad. Estos son los grandes edificadores de la fe. Sin la obra del Espíritu que suaviza, los limpiaparabrisas de la Palabra simplemente arañan el barro pegado de la incredulidad.

Ambos son necesarios. El Espíritu y la Palabra. Leemos las promesas de Dios y oramos para pedir ayuda a su Espíritu. Y mientras el parabrisas se aclara para que podamos ver el bien que Dios planea para nosotros (ver Jeremías 29:11), nuestra fe se hace más fuerte y el desvío de la ansiedad se suaviza.