Un hombre anciano vivía con su hijo, su nuera y su nieto de 4 años. Las manos del anciano temblaban, su vista estaba nublada y su paso era inseguro. La familia solía sentarse unida a la mesa, pero las manos temblorosas y la mala vista del anciano hacían difícil la comida. Los guisantes se caían de la cuchara al suelo. Cuando agarraba el vaso, la leche se derramaba en el mantel.
Esto era irritante para su nuera y su hijo, que dijo "Tenemos que hacer algo con mi padre. Ya estoy cansado de esa leche derramada, de su ruido al comer y de la comida en el suelo". Así pues, colocaron una pequeña mesa en un rincón. Allí pusieron a comer al anciano sólo mientras el resto de la familia disfrutaba las cenas. Como el viejo había roto ya un par de platos, le servían la comida en un cuenco de madera.
A veces podía verse una lágrima en el ojo del anciano mientras comía sólo. Aún así, las únicas palabras que la pareja tenía para él eran de reprensión cuando se le caía el tenedor o la comida. El niño de 4 años observaba todo en silencio.
Un día antes de la cena, el padre notó que su hijo estaba tratando de tallar algo con un trozo de madera. "¿Qué haces hijo?" le preguntó al chiquillo. El niño respondió sonriendo: "Oh, sólo estoy haciendo un pequeño cuenco para mamá y para tí, así podréis comer cuando yo crezca".
Aquella noche, el marido tomó al abuelo y lo volvió a sentar con amabilidad a la mesa con el resto de la familia, donde siguió comiendo cada día.
Por David Lagerfeld
Traducido de: http://www.davidsemporium.co.uk/_FORTYTHREE3.html
lunes, 31 de enero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
La desilusión con tu Iglesia
La gente se desilusiona con la Iglesia por muchas razones, que son entendibles. Podría hacerse una larga lista: conflictos, heridas, hipocresía, negligencia, insignificancias, legalismo, y otros pecados.
En lugar de impresionarnos o sorprendernos, debemos recordar que la Iglesia está hecha de pecadores reales, incluidos nosotros mismos. Al ser pecadores, nos hacemos daño. Unas veces intencionadamente y otras sin intención. Pero en lugar de abandonar la iglesia, necesitamos quedarnos y solucionarlo si es posible. La reconciliación, y no el huir, es el camino a un carácter más fuerte y un compañerismo más profundo.
Divorciarte de tu iglesia al primer signo de desconformidad o desilusión es un signo de inmadurez. Dios tiene cosas que quiere enseñarte a ti y a otros también. Además, no existe una iglesia perfecta a la que escapar. Cada iglesia tiene su propio conjunto de debilidades y problemas, y pronto volverás a estar inconforme.
Groucho Marx era famoso por decir que no querría pertenecer a un club que lo aceptase como miembro. Si una iglesia tiene que ser perfecta para satisfacerte, esa misma perfección te excluirá...¡porque tú mismo no eres perfecto!
Dietrich Bonhoeffer, el pastor de Alemania que fue martirizado por resistir a los Nazis, escribió un libro clásico sobre el compañerismo "Life Together (vida juntos)". En él, sugiere que las desilusiones en nuestra iglesia local son buenas porque destruyen nuestras falsas expectativas de perfección.
Cuanto más pronto dejamos la ilusión de que la Iglesia debe ser perfecta para amarla, más pronto dejaremos de aparentar y comenzaremos a admitir que todos somos imperfectos y necesitamos la Gracia. Ese es el principio de una verdadera comunidad.
Todas las iglesias podrían poner un letrero "No se necesita gente perfecta. Este lugar es sólo para aquellos que admiten ser pecadores, necesitados de Gracia, y que quieren crecer."
Rick Warren - "The purpose driven life"
En lugar de impresionarnos o sorprendernos, debemos recordar que la Iglesia está hecha de pecadores reales, incluidos nosotros mismos. Al ser pecadores, nos hacemos daño. Unas veces intencionadamente y otras sin intención. Pero en lugar de abandonar la iglesia, necesitamos quedarnos y solucionarlo si es posible. La reconciliación, y no el huir, es el camino a un carácter más fuerte y un compañerismo más profundo.
Divorciarte de tu iglesia al primer signo de desconformidad o desilusión es un signo de inmadurez. Dios tiene cosas que quiere enseñarte a ti y a otros también. Además, no existe una iglesia perfecta a la que escapar. Cada iglesia tiene su propio conjunto de debilidades y problemas, y pronto volverás a estar inconforme.
Groucho Marx era famoso por decir que no querría pertenecer a un club que lo aceptase como miembro. Si una iglesia tiene que ser perfecta para satisfacerte, esa misma perfección te excluirá...¡porque tú mismo no eres perfecto!
Dietrich Bonhoeffer, el pastor de Alemania que fue martirizado por resistir a los Nazis, escribió un libro clásico sobre el compañerismo "Life Together (vida juntos)". En él, sugiere que las desilusiones en nuestra iglesia local son buenas porque destruyen nuestras falsas expectativas de perfección.
Cuanto más pronto dejamos la ilusión de que la Iglesia debe ser perfecta para amarla, más pronto dejaremos de aparentar y comenzaremos a admitir que todos somos imperfectos y necesitamos la Gracia. Ese es el principio de una verdadera comunidad.
Todas las iglesias podrían poner un letrero "No se necesita gente perfecta. Este lugar es sólo para aquellos que admiten ser pecadores, necesitados de Gracia, y que quieren crecer."
Rick Warren - "The purpose driven life"
viernes, 31 de diciembre de 2010
Ríndete a Dios
La palabra "Rendición" no es popular. A nadie le gusta perder y eso parece ser lo que esta palabra implica. Rendición es una palabra que trae a la mente imágenes desagradables de admitir la derrota, retirarse de un juego o ceder ante un oponente más fuerte. Es una palabra que se utiliza casi siempre en un contexto negativo.
En la cultura competitiva de hoy día, se nos enseña a no abandonar nunca y a no ceder nunca. Y si ganar lo es todo, la rendición es algo impensable. Preferimos hablar de ganar, tener éxito, de la superación, de la conquista antes que de ceder, someterse, obedecer, y rendirse.
Pero rendirse a Dios es el centro de la alabanza. Es la respuesta natural al asombroso amor y misericordia de Dios. Nos entregamos a Él por amor, no por miedo o por deber, porque él nos amó primero (1 Juan 4:19).
Existen 3 barreras que nos impiden rendirnos a Dios: El miedo, el orgullo y la confusión.
El miedo: Tememos entregarnos porque Dios nos pueda fallar o no amarnos lo suficiente. Es similar a cuando tenemos miedo a una relación por no confiar en que el amor de la otra persona pueda fallarnos. Hemos de considerar que Dios nos demuestra su Amor constantemente, y que lo demostró maravillosamente al entregar a su hijo Jesucristo en sacrificio en la Cruz por AMOR a nosotros. Jesús no murió por accidente, sino por Amor, para pagar por nuestros pecados.
El orgullo: No queremos admitir que no estamos a cargo de todo. Queremos ser como Dios. Puede que intelectualmente aceptemos nuestros límites, pero emocionalmente nos irritamos y nos resentimos cuando alguien nos señala nuestros errores y límites. No queremos reconocer nuestra imperfección y nos ponemos a la defensiva. No queremos entregarnos a Dios porque sería admitir que lo necesitamos, que no somos perfectos.
La Confusión: Malinterpretamos las intenciones que Dios tiene para nosotros. Creemos que si nos entregamos a él tendremos una vida infeliz de sometimiento y autosacrificio. En realidad lo que Dios quiere es darnos una vida de suprema felicidad.
Rendirse no es reprimir la propia personalidad. Dios quiere utilizar tu personalidad única, mejorarla y perfeccionarla.
Sabes que te has rendido a Dios cuando confías en que Él hará en lugar de intentar manipular a otros, forzar tu punto de vista, o controlar las situaciones. Sabes que te has rendido cuando no reaccionas a las críticas apresurándote por defenderte. Dejas que Dios te defienda. No desacreditas a otros, no reclamas tus derechos ni te sirves sólo a ti mismo cuando de veras estás rendido.
Todo el mundo acaba rindiéndose a algo o alguien. Si no es a Dios será a las opiniones o expectativas de otros, al dinero, al resentimiento, al miedo, al orgullo propio, lujuria o el ego. Fuimos creados para Dios y para darle adoración a Él con nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros talentos. Pero si no lo adoramos a Él adoraremos otras cosas en nuestra vida. Y ninguna nos va a corresponder como Él lo hace.
Como dijo E.Stanley Jones: "Si no te rindes a Cristo, te rindes al caos."
Extraido y traducido del libro "The purpose driven life" por Rick Warren
En la cultura competitiva de hoy día, se nos enseña a no abandonar nunca y a no ceder nunca. Y si ganar lo es todo, la rendición es algo impensable. Preferimos hablar de ganar, tener éxito, de la superación, de la conquista antes que de ceder, someterse, obedecer, y rendirse.
Pero rendirse a Dios es el centro de la alabanza. Es la respuesta natural al asombroso amor y misericordia de Dios. Nos entregamos a Él por amor, no por miedo o por deber, porque él nos amó primero (1 Juan 4:19).
Existen 3 barreras que nos impiden rendirnos a Dios: El miedo, el orgullo y la confusión.
El miedo: Tememos entregarnos porque Dios nos pueda fallar o no amarnos lo suficiente. Es similar a cuando tenemos miedo a una relación por no confiar en que el amor de la otra persona pueda fallarnos. Hemos de considerar que Dios nos demuestra su Amor constantemente, y que lo demostró maravillosamente al entregar a su hijo Jesucristo en sacrificio en la Cruz por AMOR a nosotros. Jesús no murió por accidente, sino por Amor, para pagar por nuestros pecados.
El orgullo: No queremos admitir que no estamos a cargo de todo. Queremos ser como Dios. Puede que intelectualmente aceptemos nuestros límites, pero emocionalmente nos irritamos y nos resentimos cuando alguien nos señala nuestros errores y límites. No queremos reconocer nuestra imperfección y nos ponemos a la defensiva. No queremos entregarnos a Dios porque sería admitir que lo necesitamos, que no somos perfectos.
La Confusión: Malinterpretamos las intenciones que Dios tiene para nosotros. Creemos que si nos entregamos a él tendremos una vida infeliz de sometimiento y autosacrificio. En realidad lo que Dios quiere es darnos una vida de suprema felicidad.
Rendirse no es reprimir la propia personalidad. Dios quiere utilizar tu personalidad única, mejorarla y perfeccionarla.
Sabes que te has rendido a Dios cuando confías en que Él hará en lugar de intentar manipular a otros, forzar tu punto de vista, o controlar las situaciones. Sabes que te has rendido cuando no reaccionas a las críticas apresurándote por defenderte. Dejas que Dios te defienda. No desacreditas a otros, no reclamas tus derechos ni te sirves sólo a ti mismo cuando de veras estás rendido.
¿A quién vas a rendirte?
Todo el mundo acaba rindiéndose a algo o alguien. Si no es a Dios será a las opiniones o expectativas de otros, al dinero, al resentimiento, al miedo, al orgullo propio, lujuria o el ego. Fuimos creados para Dios y para darle adoración a Él con nuestra vida, nuestro trabajo, nuestros talentos. Pero si no lo adoramos a Él adoraremos otras cosas en nuestra vida. Y ninguna nos va a corresponder como Él lo hace.
Como dijo E.Stanley Jones: "Si no te rindes a Cristo, te rindes al caos."
Extraido y traducido del libro "The purpose driven life" por Rick Warren
martes, 21 de diciembre de 2010
Grandes lecciones de grandes hombres parte VI
Practica la paciencia
"No importa cuan grande sea el talento o el esfuerzo, hay algunas cosas que se toman su tiempo: no puedes producir un bebé en 1 mes embarazando a 9 mujeres." Warren Buffet, Reporte Anual de Berkshire Hathaway.
Existe demasiada gente que busca el dinero rápido. También quieren perder peso ahora, ser un gran jugador de golf ahora, o conseguir un puesto directivo ahora mismo. Esta obsesión con el "ahora" es un problema. Malcom Gladwell afirma que la diferencia entre los que triunfan y los que no lo hacen pueden ser 10.000 horas. Esas horas son de práctica, perseverancia y estudio. La práctica no siempre hace la perfección, pero alimenta el éxito.
Grandes lecciones de grandes hombres parte V
Extraido de "Great lessons from great men" por J.D Roth
jueves, 16 de diciembre de 2010
Grandes lecciones de grandes hombres parte V
No codicies
"Por desear lo que se llama ''estar a la par'' con sus amigos o compañeros de juerga, muchos jóvenes hipotecan su futuro." Orison Swett Marden, The Young Man Entering Business (1903)
Nunca paga el compararte con los demás. Puedes acabar deseando poseer las mismas cosas que ellos tienen. Tu mejor amigo compra un coche, y de repente quieres el mismo modelo. Los compañeros del trabajo salen a beber los viernes, pero tú no llegas a fin de mes...la tentación de unirte, de tener lo que otros tienen, puede resultar insoportable. Céntrate sólo en tí y en como las cosas que posees se relacionan con tus metas. No tengas celos de los demás. En lugar de buscar riqueza en todas las otras partes, mira en tu propia vida.
Grandes lecciones de grandes hombres parte IV
Grandes lecciones de grandes hombres parte VI
Extraido de "Great lessons from great men" por J.D Roth
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Grandes lecciones de grandes hombres parte IV
Evita las deudas
"Ten por seguro que da mucho más dolor de cabeza estar endeudado que pasarse sin cualesquiera que sea el artículo que parezcamos querer" Thomas Jefferson, carta a su hija Martha (14 Junio de 1787)
La deuda es esclavitud. Cuando debes dinero a otro hombre (o mujer), estás obligado a trabajar para su beneficio y no el tuyo. Muchos jóvenes se ven agobiados por las deudas. Pero aquellos que no son capaces de sobreponerse a su hábito de gastar tienen probabilidad de ser siempre pobres. Cuando estás pagando intereses a otro, no puedes ganar intereses para tí mismo y cuando estás en deudas tu capacidad para elegir está limitada. No puedes elegir, por ejemplo, tomarte un mes de vacaciones para viajar con un amigo. No puedes dejar el trabajo que odias.
Una cierta cantidad de deuda puede ser útil en los negocios, pero convierte en una política de tu vida personal no pedir prestado para algo que va a ir perdiendo su valor. Y si estás ya en deudas, convierte en una prioridad el salir de ella tan pronto como sea posible.
Grandes lecciones de grandes hombres parte III
Grandes lecciones de grandes hombres parte IV
Extraido de "Great lessons from great men" por J.D Roth
viernes, 10 de diciembre de 2010
Grandes lecciones de grandes hombres parte III
Págate a tí primero
"Muchos hombres son pobres hoy a pesar de haber trabajado como esclavos simplemente porque no pudieron ahorrar." Orison Swett Marden, The Young Man Entering Business (1903)
Si consigues dejar a un lado un 10 o un 20% de todo lo que ganes, tu fortuna crecerá mucho más allá de la de tus semejantes. Algo del dinero debe invertirse de forma que te sientas cómodo (tienes que aprender los conceptos de diversificación si no lo has hecho). Algo del dinero debe colocarse en una cuenta de ahorros de alto interés para actuar como fondo de emergencia. Cuando ahorras (cuando te pagas a tí primero) estás utilizando la fuerza de tu juventud para asegurar tu futuro incierto.
Grandes lecciones de grandes hombres parte II
Grandes lecciones de grandes hombres parte IV
Extraido de "Great lessons from great men" por J.D Roth
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