martes, 30 de septiembre de 2014

Nuestro bien es el deleite de Dios. Devocional John Piper 08/10

 

Jeremías 32:40-41: "Y haré con ellos pacto eterno, que no me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí. Y me alegraré con ellos haciéndoles bien, y los plantaré en esta tierra en verdad, de todo mi corazón y de toda mi alma"

 

La búsqueda de Dios de obtener alabanza de nosotros, y nuestra búsqueda de placer en Él son una y la misma búsqueda. La búsqueda de Dios para ser glorificado, y la nuestra por ser satisfechos, llegan a su objetivo solamente en una experiencia: cuando nos deleitamos en Dios y eso se desborda en alabanza.

Para Dios, la alabanza es el dulce eco de su propia excelencia en los corazones de su pueblo.

Para nosotros, la alabanza es la cima de la satisfacción que viene de vivir en la comunión con Dios.

La impactante implicación de este descubrimiento es que toda la energía omnipotente que lleva al corazón de Dios a buscar su propia gloria, también lo lleva a satisfacer los corazones de aquellos que buscan su gozo en Él.

Las buenas noticias de la Biblia son que Dios no se siente poco inclinado a satisfacer los corazones de aquellos que esperan en Él, sino justo al contrario: Aquello que nos puede hacer más felices es en lo que Dios se deleita con todo el corazón y con toda el alma.

Con todo su corazón y con toda su alma, Dios se une a nosotros en la búsqueda de nuestro gozo eterno, porque la consumación de ese gozo en Él redunda para la gloria de su propio valor infinito.

Nosotros esperamos, Él hace. Devocional John Piper 07/10

 

Isaías 64:4: "Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera"

 

Hay solamente unas pocas cosas que me hayan atrapado con más gozo que la verdad de que Dios ama mostrar su bondad obrando por mí. Y su obra por mí está siempre antes, debajo y en cualquier obra que yo hago para Él.

En principio puede sonarnos como algo arrogante y que menosprecia a Dios el decir que Él obra, que trabaja por nosotros. Pero eso nos sucede solamente por la connotación de que yo soy el empleador y Dios necesita un empleo. Esa no es la connotación cuando la Biblia habla de que Dios obra por nosotros como en Isaías 64:4: "Dios hace por los que en Él esperan".

La connotación adecuada de decir que Dios trabaja para mí, es que yo estoy en bancarrota y necesito un rescate. Yo soy débil y necesito a alguien fuerte. Yo estoy en peligro y necesito un protector. Soy necio y necesito a alguien sabio. Estoy perdido y necesito un Rescatador.

"Dios trabaja por mí" significa que yo no puedo hacer el trabajo.

Y esto le glorifica a Él y no a mí. El que da es el que obtiene la gloria. El Poderoso es el que se gana la alabanza.

Lee y sé liberado del peso de llevar tu propia carga. Deja que Él haga ese trabajo.

1. Isaías 64:4 "Ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, que hiciese por el que en él espera"

2. Hechos 17:25 "Dios no es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas"

3. Marcos 10:45 "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos"

4. 2 Crónicas 16:9 "Porque los ojos de Yahweh contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él"

5. Salmos 50:12, 15 "Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás"

6. Isaías 46:4 "Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré"

7. 1 Corintios 15:10 "antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo"

8. Salmos 127:1 "Si Yahweh no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican"

9. 1 Pedro 4:11 "Si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado"

10. Filipenses 2:12-13 "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer"

11. 1 Corintios 3:6  "Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios"

El Dios feliz. Devocional John Piper 06/10

 

1 Timoteo 1:10-11:"... la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito [feliz]"

 

Gran parte de la gloria de Dios es su felicidad.

Para el apóstol Pablo era inconcebible que a Dios se le pudiese negar el gozo infinito y aun así seguir siendo glorioso. Ser infinitamente glorioso es ser infinitamente feliz. Él utilizó la frase: "glorioso del Dios bendito" porque es algo glorioso que Dios sea tan feliz como, de hecho, lo es.

La gloria de Dios consiste mucho en el hecho de que Él es feliz más allá de lo que podamos imaginar.

 Este es el evangelio: "El glorioso evangelio del Dios feliz". Para nosotros, son buenas noticias que Dios sea gloriosamente feliz.

Nadie querría pasar la eternidad con un Dios que no es feliz. Si Dios no es feliz, entonces el objetivo del evangelio no es un objetivo feliz, y eso significaría que no sería un evangelio en absoluto.

Pero, de hecho, Jesús nos está invitando a pasar la eternidad con un Dios feliz cuando dice en Mateo 25:23: "entra en el gozo de tu Señor". Jesús vivió y murió para que este gozo, el gozo de Dios, pudiese estar en nosotros y nuestro gozo pudiese ser cumplido (Juan 15;11; 17:13). Por eso, el evangelio es "El glorioso evangelio del Dios feliz".

La felicidad de Dios es en primer lugar la felicidad en su Hijo. Por eso cuando compartimos la felicidad de Dios, estamos compartiendo el agrado que el Padre tiene en el Hijo.

Este es el motivo de que Jesús nos diese a conocer al Padre. Al final de su gran oración en Juan 17, Él dijo a su Padre en el versículo 26: "Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos". Él nos dio a conocer a Dios, para que el placer en su Hijo pudiese estar en nosotros y convertirse en el nuestro.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Se hará justicia. Devocional John Piper 05/10

 

Romanos 12:19: "No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor"

 

Todos nosotros hemos sufrido alguna afrenta en algún momento. La mayoría probablemente ha sido herida gravemente por alguien que nunca se disculpó ni hizo nada suficiente para enmendar las cosas.

Y una de los obstáculos más profundos para dejar ir esa herida y amargura es la convicción justificada de que debería hacerse justicia, de que el mismo tejido del universo se desgarraría si la gente simplemente pudiese escaparse después de cometer daños horribles y engañar a todo el mundo.

Este es uno de los obstáculos para el perdón y para dejar ir el rencor. No es lo único, ya que también tenemos que tratar con nuestro propio pecado, pero es algo muy real.

Tenemos la sensación de que si simplemente lo dejamos correr, estaremos admitiendo que la justicia no se hará. Y no podemos hacerlo.

Así que retenemos el enfado, y volvemos a repetir la historia una y otra vez con los sentimientos: nunca debería haber pasado, no debería haber pasado. Estuvo mal, ¿cómo puede ser esa persona feliz cuando yo estoy tan triste? Está mal, ¡está tan mal!

La palabra de Romanos 12:19 es dada para quitar esa carga de nosotros.

"No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios" ¿Qué significa esto para nosotros?

Dejar la carga de ira, dejar de lado la práctica de alimentar el daño con los sentimientos de haber sido tratado mal. Dejar eso no significa que nunca te hiciesen un mal grande.

No significa que no haya justicia. No significa que no serás vindicado. No significa que se vayan a ir sin consecuencias. No.

Significa que cuando tu sueltes la carga de venganza, Dios la va a recoger. Y esto no se trata de una manera sutil de conseguir venganza, sino que se trata de entregársela a aquel a quien pertenece.

Se trata de respirar profundo, quizás por primera vez en décadas, y sentir que ahora, por fin, eres libre para amar.

Gozo sin límites. Devocional John Piper 04/10

 

Juan 17:26: "Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos"

 

Imagina que fueses capaz de disfrutar lo que es más disfrutable con una energía y pasión sin límites para siempre. Eso no es lo que experimentamos ahora. Hay tres cosas que son obstáculos para nuestra satisfacción completa en este mundo.

Una es que nada tiene un valor personal lo suficientemente grande como para satisfacer los anhelos más profundos de nuestros corazones.

Otra es que carecemos de la fuerza para apreciar los mejores tesoros en su máximo valor.

Y el tercer obstáculo para la satisfacción completa es que nuestro gozo aquí llega a su final. Nada dura. Pero si el objetivo de Jesús en Juan 17:26 se hace verdad, todo esto cambiará.

Si el agrado que tiene Dios en el Hijo se convierte en nuestro agrado, entonces el objetivo de nuestro agrado, Jesús, será de un valor personal inagotable. Nunca se convertirá en aburrido, o nos decepcionará o nos frustrará.

No se puede concebir un mayor tesoro que el Hijo de Dios.

Además, nuestra habilidad para apreciar este tesoro inagotable no estará limitada por la debilidad humana. Disfrutaremos del Hijo de Dios de la misma manera que disfruta su Padre.

El deleite de Dios en su Hijo estará en nosotros y será nuestro. Y esto nunca terminará porque ni el Padre ni el hijo terminan jamás.

Su amor el uno por el otro será nuestro amor por ellos y por tanto nuestro amor nunca tendrá fin.

Amor absoluto, soberano y todopoderoso. Devocional John Piper 03/10

 

Éxodo 34:6 "¡Yahweh! ¡Yahweh! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad"

 

Dios es grande en misericordia y verdad.

Hay dos imágenes que me vienen a la mente:

1. El corazón de Dios es como un manantial inagotable de agua que arroja amor y verdad en lo alto de la montaña.

2. O el corazón de Dios es como un volcán que arde tan caliente con amor que hace estallar lo alto de la montaña y fluye año tras año con lava de amor y verdad.

Cuando Dios utiliza la palabra "grande", quiere que entendamos que los recursos de su amor no están limitados. En cierta forma, es como el gobierno. Siempre que hay una necesidad, simplemente puede imprimir más dinero para cubrirla.

Pero la diferencia es que Dios tiene un tesoro infinito de amor dorado para cubrir los billetes que imprime. El gobierno solamente opera en el mundo de los sueños cuando imprime más dinero. Pero Dios se respalda de forma muy real en los recursos infinitos de su deidad.

La existencia absoluta, la libertad soberana, y la omnipotencia de Dios son la plenitud volcánica que explota y desborda con amor. La pura magnificencia de Dios significa que Él no nos necesita para completar ninguna deficiencia. En lugar de eso, su infinita autosuficiencia se derrama en amor para nosotros que le necesitamos.

Podemos contar con ese amor precisamente porque creemos en lo absoluto de su existencia, en la soberanía de su libertad, y en su poder sin límites.

https://www.youtube.com/watch?v=OLIWNCw3XOk

Traducido de: http://solidjoys.desiringgod.org/en/devotionals/absolute-sovereign-almighty-love

viernes, 26 de septiembre de 2014

Dios no es sombrío. Devocional John Piper solid joys 02/10

 

Salmos 33:10-11:"Yahweh hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Yahweh permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones"

 

Salmos 115:3 dice "Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho". Este texto implica que Dios tiene el derecho y el poder para hacer cualquier cosa que le haga feliz. Eso es lo que significa decir que Dios es soberano.

Piensa en ello por un momento: Si Dios es soberano y puede hacer cualquier cosa que le agrade, entonces ninguno de sus propósitos puede ser frustrado. Salmos 33:10-11 dice: "Yahweh hace nulo el consejo de las naciones, Y frustra las maquinaciones de los pueblos. El consejo de Yahweh permanecerá para siempre; Los pensamientos de su corazón por todas las generaciones"

Y si ninguno de sus propósitos puede ser frustrado, entonces Él debe ser el más feliz de todos los seres.

Esta felicidad infinita y divina es la fuente de la que el cristiano bebe, y de la que anhela beber con más profundidad.

¿Puedes imaginar lo que sería si el Dios que gobierna el mundo no fuese feliz? ¿Qué pasaría si Dios fuese dado a la queja, a los pucheros y a la depresión, como el gigante de las judías en el cielo? ¿Que pasaría si Dios estuviese frustrado, triste, sombrío, lúgubre, descontento y abatido?

¿Podríamos unirnos a David y decir: "Dios, Dios mío eres tú. De madrugada te buscaré. Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela; en tierra seca y árida donde no hay aguas" (Salmos 63:1)? Creo que no podríamos.

Si fuese así, nos relacionaríamos con Dios como niños pequeños que tienen a un padre frustrado, sombrío, lúgubre y descontento. Esos niños no pueden disfrutar de su padre, lo único que pueden hacer es tratar de no molestarle, o quizás trabajar para él e intentar ganarse algún favor. Pero el objetivo del hedonista cristiano es estar feliz en Dios, deleitarse en Dios, atesorar y disfrutar de su compañía y su favor.