Por John Piper
Al escribir esto tengo en mente a hombres y mujeres. Para los hombres es obvio. La necesidad de guerrear contra el bombardeo de la tentación visual de fijar en la mente imágenes sexuales es urgente. Para las mujeres es menos obvio, pero igual de enorme si ensanchamos la vista a la tentación por la comida o por la figura o por relaciones fantasiosas. Cuando hablo de lujuria me refiero al ámbito del pensamiento, de la imaginación, y del deseo que lleva a una mala conducta sexual. Así pues, esto es un conjunto de estrategias en la guerra contra los malos deseos.
E - Evita tanto como sea posible y razonable las vistas y situaciones que despiertan deseos inapropiados. Y digo "posible y razonable" porque es inevitable tener algo de exposición a la tentación. Digo "deseos inapropiados" porque no todos los deseos de sexo, comida y familia son malos. Sabemos cuando son inapropiados e inútiles y cuando nos van a llevar a la esclavitud. Conocemos nuestras debilidades y las situaciones que las disparan. Evitarlas es una estrategia Bíblica. "Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia," (2 Timoteo 2:22). "...no proveáis para los deseos de la carne." (Romanos 13:14).
N - Di NO a todo pensamiento de mal deseo en menos de cinco segundos. Y dilo con la autoridad de Jesucristo: "En el nombre de Jesus, ¡NO!" no tienes mucho más de cinco segundos. Si dejas que pase más tiempo sin oponerte, se afianzará con tanta fuerza que será casi inamovible. Dilo en voz alta si puedes. Se duro y con actitud de lucha. Como dijo John Owen, "Mata el pecado o el pecado te matará a tí." Golpea rápido y golpea fuerte. "Resistid al diablo, y huirá de vosotros" (Santiago 4:7).
V - VUELVE la mente forzadamente hacia Cristo como tu satisfacción superior. Decir "no" no es suficiente. Debes moverte de la defensiva a la ofensiva. Ataca el fuego con el fuego. Ataca las promesas que te hace el pecado con las promesas de Cristo. La Biblia llama a los malos deseos "deseos engañosos" (Efesios 4:22). Esos deseos te mienten. Prometen más de lo cumplen. La Biblia también los llama "deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia" (1 Pedro 1:14). Solo los necios se dejan llevar. "Al punto se marchó tras ella, Como va el buey al degolladero, y como el necio a las prisiones para ser castigado" (Proverbios 7:22). El engaño es derrotado por la verdad. La ignorancia es derrotada por el conocimiento. Debe ser verdad gloriosa y conocimiento hermoso. Es por eso que escribí "Viendo y saboreando a Jesucristo". Llenamos nuestras mentes con las superiores promesas y deleites de Jesús. Luego debemos volver hacia a ellos inmediatamente después de decir "¡NO!".
A - AFERRA la promesa y el deleite en Cristo firmemente en tu mente hasta que empuje afuera a las otras imágenes. "Considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús" (Hebreos 3:1). Aquí es donde muchos fallan. Abandonan demasiado pronto. Dicen "Intenté empujar fuera las imágenes, pero no funcionó." Entonces les pregunto "¿Cuánto tiempo lo intentaste?" ¿Cuánto tiempo hiciste el esfuerzo mental? la mente es un músculo. Puedes contraerlo con vehemencia. Toma el reino violentamente (Mateo 11:12). Sé brutal. Aferra la promesa de Cristo delante de tus ojos. Mantenla.¡Mantenla!¡No dejes que se escape!¡Sigue sosteniéndola! ¿Cuánto tiempo? tanto tiempo como sea necesario. ¡Lucha! Por amor a Cristo, ¡lucha hasta que venzas! Si la puerta eléctrica del garaje estuviese a punto de aplastar a tu hijo, la sostendrías con toda tu fuerza y gritarías pidiendo ayuda, y la sostendrías y sostendrías y sostendrías.
D - DISFRUTA una satisfacción superior. Cultiva las capacidades para el deleite en Cristo. Una razón por la cual la lujuria gobierna es porque Cristo tiene poco atractivo. Nos entregamos al engaño por defecto porque tenemos poco deleite en Cristo. No digas "ese no soy yo". ¿Qué pasos has dado para despertar tu amor por Jesús?¿Has luchado por tener gozo? no seas fatalista. Fuiste creado para atesorar a Cristo con todo to corazón (más de lo que atesoras el sexo o el azúcar). Si tienes poco paladar para Jesús, los otros placeres en competición triunfarán. Ruega a Dios por la satisfacción que no tienes: "De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días" (Salmos 90:14). Luego mira, mira, mira hacia la persona mas magnificente del universo hasta que la veas como es.
C - CAMBIA a una actividad útil que te aleje de la pereza y otros comportamientos vulnerables. Los malos deseos crecen rápido en el jardín del ocio. Encuentra un buen trabajo y hazlo con todas tus fuerzas. "En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Romanos 12:11). "Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano" (1 Corintios 15:58). Abundar en trabajo. Levántate y haz algo. Barre el cuarto, clava un clavo, escribe una carta, arregla el grifo. Y hazlo por Jesús. Fuiste hecho para organizar y crear. Cristo murió para hacerte "celoso de buenas obras" (Tito 2:14). Desplaza los deseos engañosos con la pasión por las buenas obras.
Luchando a tu lado,
El Pastor John
Traducido de "ANTHEM strategies for fighting lust" por John Piper.
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sábado, 21 de abril de 2012
sábado, 30 de julio de 2011
Cómo superar un mal hábito
Por John MacArthur
Un mal hábito normalmente está conectado con creencias y actitudes erróneas. No deberíamos querer cambiar un mal hábito simplemente porque sea embarazoso, caro, poco saludable o porque nos haga sentir culpables. Más bien deberíamos querer que se cumpla el propósito mayor que Dios tiene para nuestras vidas. Hasta que no lidiemos con las creencias erróneas que debilitan nuestra resistencia al mal hábito, sólo tendremos un éxito limitado superándolo.
El Cristiano debe ver que los malos hábitos tienen un fondo espiritual. No debemos dudar a la hora de llamarlos pecados. Y debemos darnos cuenta de que los medios de santificación descritos en la Escritura (sobre todo la palabra de Dios y la oración) son esenciales para superar tales hábitos.
Somos responsables de nuestros propios pecados, incluyendo aquellos en que nos resulta fácil caer. El hecho de que hagamos algo mal de manera habitual no nos libera de responsabilidad. Por el contrario, pueden hacer que el pecado sea aún peor. Debemos tomar responsabilidad personal sobre nuestros propios hábitos y no evitar llamarlos pecado.
Los hábitos pecaminosos no son problemas insuperables para el Cristiano. Después de todo, el Espíritu santo habita en nosotros y trabaja para conformarnos a la imagen de Cristo. Y Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31). Además Gálatas 5:16 afirma "caminad por el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne." y 1 Corintios 10:13 es una promesa de que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar. Si hacemos uso de los recursos provistos por Dios a través del Espíritu y Su Palabra, podemos atacar cualquier hábito sabiendo que podemos vencer.
Primero, recuerda que el pecado comienza en la mente. Santiago 1:14-15 compara a una persona que cae en pecado con un pez o animal que es cazado con un cebo. Ve el cebo, lo desea y es atrapado en el proceso de hacerse con él. De la misma forma, los pecados que nos esclavizan comienzan en la mente.
La persona que roba primero piensa en lo que quiere. Luego piensa en un plan para conseguirlo. Después de haberlo elaborado en su mente, lo lleva a cabo. Podría haber detenido el pecado en su mente antes de que se completase en una acción. Por eso es que las Escrituras nos dicen que hemos de renovar nuestras mentes (Romanos 12:2), para pensar en cosas buenas (Filipenses 4:8) y que meditemos en la Palabra (Salmos 1:2).
Derrotar un hábito también requiere un cambio en el estilo de vida. No hemos de hacer provisión para la carne (Romanos 13:14). La persona que quiere dejar de fumar debería tirar todos sus cigarrillos y no comprar más; la persona que se debate con el pecado sexual debería deshacerse de cualquier material sugestivo que tenga en su posesión. Evitar la compañía de aquellos que tienen el mismo problema (1 Corintios 15:33) y evitar los lugares y circunstancias que lo tientan.
Finalmente, no intentes luchar sólo contra un mal hábito. Desarrolla relaciones con Cristianos más maduros que te animen y te apoyen (Gálatas 6:2). Pasa tiempo en oración con ellos. Pídeles que te "pidan cuentas" regularmente, y se honesto con tus fallos (Santiago 5:16).
El cambio bíblico no es sólamente apartarse del pecado, sino tomar un giro hacia la rectitud. La persona que miente debe hablar la verdad (Efesios 4:25). El que roba no sólo debe parar de robar, sino que debe trabajar y dar a otros (Efesios 4:28); y el que tiene mal lenguage debe aprender a edificar a otros (Efesios 4:29). No sólo parar de pecar, comenzar a hacer lo que es correcto. Los buenos hábitos que construyas reemplazarán los pecaminosos.
Traducido de: http://m.gty.org/Resources/Questions/QA142
Un mal hábito normalmente está conectado con creencias y actitudes erróneas. No deberíamos querer cambiar un mal hábito simplemente porque sea embarazoso, caro, poco saludable o porque nos haga sentir culpables. Más bien deberíamos querer que se cumpla el propósito mayor que Dios tiene para nuestras vidas. Hasta que no lidiemos con las creencias erróneas que debilitan nuestra resistencia al mal hábito, sólo tendremos un éxito limitado superándolo.
El Cristiano debe ver que los malos hábitos tienen un fondo espiritual. No debemos dudar a la hora de llamarlos pecados. Y debemos darnos cuenta de que los medios de santificación descritos en la Escritura (sobre todo la palabra de Dios y la oración) son esenciales para superar tales hábitos.
Somos responsables de nuestros propios pecados, incluyendo aquellos en que nos resulta fácil caer. El hecho de que hagamos algo mal de manera habitual no nos libera de responsabilidad. Por el contrario, pueden hacer que el pecado sea aún peor. Debemos tomar responsabilidad personal sobre nuestros propios hábitos y no evitar llamarlos pecado.
Los hábitos pecaminosos no son problemas insuperables para el Cristiano. Después de todo, el Espíritu santo habita en nosotros y trabaja para conformarnos a la imagen de Cristo. Y Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros? (Romanos 8:31). Además Gálatas 5:16 afirma "caminad por el Espíritu y no satisfagáis los deseos de la carne." y 1 Corintios 10:13 es una promesa de que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar. Si hacemos uso de los recursos provistos por Dios a través del Espíritu y Su Palabra, podemos atacar cualquier hábito sabiendo que podemos vencer.
Algunas sugerencias prácticas
Primero, recuerda que el pecado comienza en la mente. Santiago 1:14-15 compara a una persona que cae en pecado con un pez o animal que es cazado con un cebo. Ve el cebo, lo desea y es atrapado en el proceso de hacerse con él. De la misma forma, los pecados que nos esclavizan comienzan en la mente.
La persona que roba primero piensa en lo que quiere. Luego piensa en un plan para conseguirlo. Después de haberlo elaborado en su mente, lo lleva a cabo. Podría haber detenido el pecado en su mente antes de que se completase en una acción. Por eso es que las Escrituras nos dicen que hemos de renovar nuestras mentes (Romanos 12:2), para pensar en cosas buenas (Filipenses 4:8) y que meditemos en la Palabra (Salmos 1:2).
Derrotar un hábito también requiere un cambio en el estilo de vida. No hemos de hacer provisión para la carne (Romanos 13:14). La persona que quiere dejar de fumar debería tirar todos sus cigarrillos y no comprar más; la persona que se debate con el pecado sexual debería deshacerse de cualquier material sugestivo que tenga en su posesión. Evitar la compañía de aquellos que tienen el mismo problema (1 Corintios 15:33) y evitar los lugares y circunstancias que lo tientan.
Finalmente, no intentes luchar sólo contra un mal hábito. Desarrolla relaciones con Cristianos más maduros que te animen y te apoyen (Gálatas 6:2). Pasa tiempo en oración con ellos. Pídeles que te "pidan cuentas" regularmente, y se honesto con tus fallos (Santiago 5:16).
El cambio bíblico no es sólamente apartarse del pecado, sino tomar un giro hacia la rectitud. La persona que miente debe hablar la verdad (Efesios 4:25). El que roba no sólo debe parar de robar, sino que debe trabajar y dar a otros (Efesios 4:28); y el que tiene mal lenguage debe aprender a edificar a otros (Efesios 4:29). No sólo parar de pecar, comenzar a hacer lo que es correcto. Los buenos hábitos que construyas reemplazarán los pecaminosos.
Traducido de: http://m.gty.org/Resources/Questions/QA142
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