miércoles, 30 de marzo de 2011

La Salvación

Siempre había pensado que era una buena persona.

Nunca había matado a nadie, ni robado nada de gran importancia. Sólo había dicho alguna que otra mentira leve para salir de alguna situación comprometida, como aquel día que llegué al tarde al trabajo porque me quedé dormido y le eché la culpa al tráfico.

Sin embargo un día escuché que el hombre es malo en lo más íntimo del corazón y por naturaleza. La persona que lo decía estaba completamente convencida de ello, y al principio mi reacción a estas palabras fue de rechazo frontal. ¿Cómo podía ese tipo decir tal cosa?. Hay personas que ayudan a los demás. Hay personas que salvan vidas. De acuerdo, no es la mayoría de la gente, pero tampoco somos tan malos. La mayoría, como yo mismo, nunca había matado, ni violado ni, robado a alguien. La mayoría de la gente es amiga de sus amigos, quieren a sus familias, y no se meten con nadie.

Sin embargo esas palabras me impactaron, y un día meditando en ellas escarbé en lo más profundo de mi ser. No me gustó nada lo que ví. ¿Cuántas veces no había tenido un pensamiento asesino cuando alguien se me cruzaba de mala forma en la carretera? ¿Cuántas veces no había pensado maldades de algún amigo, o incluso hablado mal de él a sus espaldas? ¿Cuántas veces había sentido envidia por lo que tienen otros y los había criticado cuando en realidad lo que quería es tener las mismas cosas? ¿Cuántas veces había tenido fantasías con otras personas? ¿Cuántas veces no había despreciado las palabras de mis padres y había contestado con desprecio? ¿Cuántas no había sido indiferente a una persona que necesitaba que la escuchasen porque tenía otras cosas que hacer?.

Ciertamente había una semilla de mal en lo más profundo de mi ser, y no sólo se quedaba en pensamientos, muchas veces había pasado a la acción en forma de gritos y conductas violentas. Me di cuenta de que había personas en mi memoria a las que odiaba y no podía perdonar. La mayoría de las veces, estos malos pensamientos eran controlados y me comportaba bien. Pero con las personas que mejor me conocían (mi madre, mi pareja, mis amigos, mi hermano) me irritaba con mucha más facilidad y las hería con mucha menos dificultad. Es curioso como podía sacar mucha más maldad en un entorno que consideraba seguro. Era más fácil comportarme correctamente en un ambiente donde no me conocían ya que no quería que pensasen mal de mí. Al final se trataba sólo de mí.

Era innegable que el egoísmo y la maldad estaba en lo más profundo y que este era el primer impulso para todo. No se trataba de lo que yo hacía externamente, que solía ser correcto. Se trataba de lo que yo era.

Y por más que lo intentara, no podía cambiar eso. Intenté rechazar esas actitudes y pensamientos, portarme un poco mejor. Pero no podía eliminar esa semilla de maldad del todo. Nadie puede.

Sólo Dios puede hacerlo.

Pero como muchos, había elegido vivir sin Él. ¡Oh sí! era creyente. Sabía que "algo" debía existir, aunque no me importaba demasiado. Pero ahora que me daba cuenta de mi naturaleza, del mal en mi interior, también sabía que un ser perfecto no estaría nada contento conmigo. A todos nos irrita cuando vemos a alguien que hace algo mal, sobre todo si nos afecta. Nos gusta que en el restaurante nos atiendan con una sonrisa, que nos traten bien y no con mala cara. Nos gusta que si el banco se equivoca y nos carga 20 euros por error, nos los devuelva y no vuelva a ocurrir. Queremos perfección a nuestro alrededor aunque nosotros mismos no seamos perfectos.

En un principio pensé que Dios sería comprensivo con mis defectos, que al fin y al cabo no era tan malo. Pero ¿cómo podría Dios llenar el cielo de personas así?. ¿De qué serviría perdonar a los hombres sin más, si todos iban a estar pensando mal unos de otros en su interior, envidiando o no perdonando?. Un cielo así se parecería demasiado a la Tierra.

Comencé a ver a Dios como un artista perfecto. Y en la creación dibujada por su mano todo debería ser igualmente perfecto. Cualquier dibujo imperfecto sólo podía esperar ser arrancado y tirado a la papelera, para ser quemado después.

Y yo no podía ser ese dibujo perfecto. Sólo Dios podía convertirme en esa persona que yo no era. En una persona purificada con un nuevo corazón:

Ezequiel 36:26

26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne


Y esta es la forma en que Dios lo hizo: El mismo en la forma de su Hijo se hizo hombre, vivió como los hombres deberían vivir. Nunca hubo maldad en su pensamiento ni en su corazón. Después cargó con las imperfecciones, con los pecados de los demás hombres y sufrió la muerte en un madero castigado por su padre, en favor de nosotros.

El Hijo del Gran Artista, del Gran Dibujante, se convirtió a sí mismo en dibujo. Un dibujo perfecto, que cargó con las imperfecciones de los otros dibujos, y que fue arrugado y roto en lugar de ellos, a fin de que pudiesen vivir.- Isaías 53:4-5.

Al iluminarse mi mente y entender, mis lágrimas rodaron. Me arrodillé y oré:

"Señor Jesús. Me arrepiento de ser quien soy, de todas las veces que he pecado y me duele saber que por mis fuerzas nunca podré dejar de hacerlo, me duele tanto ser así... ahora sé que tu sufriste el castigo en mi lugar, que pagaste el precio por mí con tu sangre. Hoy quiero decirte que renuncio a intentar cambiarme a mí mismo, viviendo mi vida sin tí. Sólo tú puedes hacerlo. Házmelo Señor. Entra en mi vida, conviértete en mi amo, en mi Señor, en mi Padre y haz de mí la persona que tu quieres que yo sea"

Él prometió a los que creen en su nombre que ya no serán más un dibujo imperfecto que se tira al fuego, sino hijos de Dios, en camino a la perfección.

Juan 3:16

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


Sigo sin ser perfecto, y aún hay malas intenciones en mí. Pero ahora no estoy en paz con ellas, y sé que Dios trabaja a través de mí para limpiarlas, haciéndome luchar. Su goma y su lápiz lo arreglarán, y aunque aún me duele el fallarle de vez en cuando, mis lágrimas son ahora de agradecimiento y alegría.

-Manuel Bento Falcón.

maonolo@gmail.com

4 comentarios:

capawhite dijo...

hostia manolo que bonita historia en realidad es asi uno piensa que no es malo y realmente tiene maldad en el corazon pero con Dios todo es posible ser una persona nueva y realmente es asi bueno saludos y gloria a Dios por tu testimonio me ha servido de mucho

efe dijo...

Hola Manuel,
Creo que las personas son buenas por naturaleza en caso contrario la humanidad habría desaparecido hace mucho tiempo. Saludos

Robinson dijo...

Permiteme copiar este texto, mantendre tu nombre para que no te enojes ;)

Martin dijo...

hola efe la humanidad existe porque dios la tiene en sus manos y el hombre es extremadamente malo sino mira áfrica , se mueren de hambre mientras nosotros usamos sus recursos y no se nos mueve ni un pelo y piensa lo que esta pasando en este preciso instante cuando lees este mensaje, que es lo que pasa, cuantas violaciones hay , niños , ancianos etc por favor reflexiona un poco lo que dices saludos