miércoles, 10 de marzo de 2010

Motívate con la belleza cotidiana

Hoy caminaba de camino al trabajo cuando vi a un anciano que reía viendo correr a dos perros pequeños. "¡Vamos!, ¡Vamos! ¡A jugar como siempre!" decía el hombre con alegría. No pude sino sonreir y sentirme también feliz al ver esta escena, al contemplar a un anciano que estaba contento como un niño pequeño.

Miré al cielo impresionantemente azul con sus blancas nubes y sentí que mi alma se hinchaba de amor por la creación. Pensé en lo maravilloso que era poder verlo, en el gran privilegio de contemplarlo cuando hay tantas personas que darían años de su vida por poder ver la luz un sólo día.

Hay tantas cosas que nos rodean y que son un regalo si lo piensas. Mira esa flor que crece en el parque, esos coches que pasan y que son un prodigio creado por la mente de cientos de investigadores a lo largo de la historia. Esos árboles que crecen por si solos y por los que fluye vida. Recordar la última charla con unos amigos que te hizo reir...

Sentir la increíble certeza de que hay algo mayor que creó con Amor lo que te rodea para que lo disfrutes, que creó todo aquello que das por sentado y no aprecias porque la monotonía y los problemas te robaron la alegría.

Como un niño que siente la felicidad de descubrir algo, podemos sentir lo mismo si le damos al mundo la oportunidad de ser redescubierto.

Apreciar cada toque, cada gesto, cada mirada. Cada soplo de aire. Nada es más grande y tu formas parte de ello, tu puedes añadirle belleza al mundo si decides verla y crearla para que otros la sientan.

MBF