domingo, 26 de noviembre de 2017

Aprendiendo el amor verdadero


Salmos 73:25

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

Querido Señor, dependo completamente de ti, destétame de todas las otras cosas de las que dependo.

Tu eres mi todo, tu gobiernas todo, y te deleitas en mí. Tu eres el fundamento de la bondad ¿cómo podría desconfiar de ti? ¿Cómo podría tener ansiedad acerca de lo que me suceda?

A la luz de tu preciosidad, el mundo y todos sus disfrutes son infinitamente pobres. No valoro el favor de los hombres más que los guijarros. Entre las bendiciones que recibo de ti, que nunca pierda el sentimiento de ser un extraño en la tierra. Que te ame yo, mi Benefactor, en todos los beneficios que recibo, sin olvidar que mi mayor peligro surge de mis ventajas.

Produce en mi una desesperación que haga que Jesús sea precioso para mí, que sea deleite en todos sus oficios, agradable en todos sus caminos, y que ame sus mandamientos tanto como sus promesas.

Ayúdame a discernir entre el amor verdadero y el falso, el primero consisten en un amor supremo hacia ti, el segundo no, el primero une tu gloria y la felicidad del hombre, para que se conviertan en un interés común, el último desune y separa ambas cosas, buscando la felicidad y descuidando tu gloria.

Enséñame que el amor genuino es de un tipo diferente al que viene de los argumentos racionales o por la motivación del interés propio, que ese amor es una emoción agradable que da gozo a la mente en la que se encuentra.

Concédeme el distinguir entre lo verdadero y lo falso, y descansar en Ti, que eres todo amor.

Extraído del devocional puritano "El valle de la visión"

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