jueves, 9 de abril de 2015

Se acabaron los trapos de inmundicia. Devocional John Piper Solid Joys 01/05

Isaías 64:6 "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia..."

Es cierto que cualquier fallo en la ley de Dios es una ofensa contra su perfecta santidad, y nos hace merecedores de juicio, ya que Dios no puede mirar favorablemente ningún pecado (Habacuc 1:13, Santiago 2:10-11).

Pero lo que arruinaba a una persona en el Antigüo Testamento (y es lo mismo para nosotros hoy) no era el fallar a la hora de tener la justicia de una perfección sin pecado. Lo que la arruinaba era fallar a la hora de confiar en las misericordiosas promesas de Dios, especialmente la esperanza de que Él proveería de un redentor que sería una justicia perfecta para su pueblo ("El Señor, justicia nuestra", Jeremías 23:6, 33:16). Los santos sabían que era por esto que eran salvos, y que esta fe era la clave para la obediencia, y que la obediencia era la evidencia de esta fe.

Es algo que confunde mucho cuando la gente dice que la única justicia que tiene valor es la justicia imputada de Cristo. Está claro que la justificación no tiene como base nuestra justicia, sino solamente la justicia de Cristo que es imputada a nosotros. Pero a veces la gente no tiene cuidado y habla indiscriminadamente de toda la justicia humana, como si no hubiese nada que agradase a Dios.

Con frecuencia esta gente cita Isaías 64:6, que dice que nuestra justicia es como harapos sucios, o "trapo de inmundicia". "Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia".

Pero en este contexto, Isaías 64:6 no esta queriendo decir que toda la justicia realizada por el pueblo de Dios es inaceptable para Él. Isaías se está refiriendo a personas cuya justicia era, de hecho, hipócrita. No era verdadera justicia. Sin embargo en el versículo que va justo antes de este (versículo 5), Isaías dice de Dios: "Saliste al encuentro del que con alegría hacía justicia".

Es cierto (gloriosamente cierto) que nadie del pueblo de Dios, antes o después de la cruz, sería aceptado por un Dios inmaculadamente santo, si la perfecta justicia de Cristo no fuese imputada a nosotros (Romanos 5:19, 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 5:21), pero eso no quiere decir que Dios no produzca en esa gente justificada una experiencia de justicia que no sea "trapo de inmundicia".

De hecho, si que la produce. Y esta justicia es preciosa para Dios, y de hecho, la requiere, no como base de nuestra justificación (que es la justicia de Cristo solamente) sino como una evidencia de haber sido justificados de verdad como hijos de Dios.

Traducido de: http://solidjoys.desiringgod.org/en/devotionals/dirty-rags-no-more

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