viernes, 20 de marzo de 2015

Lo que ata las manos del amor. Devocional John Piper Solid Joys 31/03

Colosenses 1:3-5: "3 ... damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, 4 habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, 5 a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos ..."
El problema con la iglesia de hoy no es que haya demasiada gente que esté apasionadamente enamorada con el cielo. El problema no es que los que se dicen cristianos se estén apartando del mundo y que pasen la mitad de sus días leyendo la Biblia y la otra mitad cantando acerca del gozo en Dios, mientras son indiferentes a las necesidades del mundo.

El problema es que los que se dicen cristianos pasan diez minutos leyendo las Escrituras y luego se pasan medio día ganando dinero y otro medio día disfrutando y arreglando las cosas en las que se han gastado ese dinero.

No es una mente centrada en lo celestial lo que obstaculiza el amor. Es una mente centrada en lo mundano lo que obstaculiza el amor, incluso cuando se disfraza de una rutina religiosa en los fines de semana.

¿Dónde hay una persona cuyo corazón esté tan apasionadamente enamorado con la gloria prometida del cielo que se sienta como un exiliado y residente temporal sobre la tierra? ¿Dónde está la persona que haya probado la hermosura de la era por venir y que concluya que los diamantes del mundo parecen mármol, que el entretenimiento del mundo está vacío, y que las causas morales del mundo son demasiado pequeñas porque no tienen la vista puesta en la eternidad? ¿Dónde está esa persona?

Esta persona no estará esclavizada a Internet, o a comer, dormir, beber, festejar, pescar, navegar o a dar vueltas por ahí. Es un hombre libre en una tierra extraña. Y su pregunta es esta ¿Cómo puedo maximizar mi disfrute de Dios en la eternidad mientras estoy exiliado en esta tierra? y su respuesta es siempre la misma: haciendo obras de amor.

Solo hay una cosa que satisfaga el corazón que tiene por tesoro el cielo: hacer las obras del cielo. ¡Y el cielo es un mundo de amor!

No son las cuerdas del cielo las que atan las manos del amor. Es el amor al dinero, al ocio, a la comodidad y a las alabanzas. Esas son las cuerdas que atan las manos del amor. Y el poder para cortar estas cuerdas es la esperanza cristiana.

Lo digo de nuevo con la convicción que hay dentro de mí: No es la mente centrada en el cielo lo que obstaculiza el amor en esta tierra. Es la mente centrada en el mundo. Y por eso la gran fuente de amor es la poderosa y liberadora confianza de la esperanza cristiana.

Traducido de: http://solidjoys.desiringgod.org/en/devotionals/what-binds-the-hands-of-love

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