lunes, 2 de marzo de 2015

Adoremos al cordero. Devocional John Piper Solid Joys 10/03

Apocalipsis 5:4 "Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo"
¿Nunca has pensado que las oraciones son el aroma del cielo? La semana santa me ha llevado a leer de nuevo Apocalipsis 4 y 5. En ellos podemos ver un destello de la vida en el cielo.

En Apocalipsis 5, vemos a Dios todopoderoso en el trono con un libro en la mano. El libro tiene siete sellos, y han de quitarse antes de poder leer el libro. 

Creo que la apertura del libro representa los días finales de la historia, y el arrancar de los siete sellos representa el tipo de historia por el que pasaremos mientras nos acercamos a los últimos días.

Al principio, Juan llora porque no hay nadie digno de abrir el libro y leerlo (Apocalipsis 5:4). Pero entonces el anciano del cielo dice: "No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos" (Apocalipsis 5:5).

Al morir en la cruz, Jesús ganó el derecho de abrir lo que queda de la historia redentora, y de guiar a su pueblo victoriosamente a través de ella.

En el siguiente versículo, el León es mostrado como un Cordero, que "estaba en pie como inmolado" (Apocalipsis 5:6). ¿No es una bella imagen de la victoria de Jesús en la cruz?

La victoria es tan segura como si un león hubiese devorado a su adversario, pero la logró dejando que el adversario lo sacrificara como un cordero.

Así que ahora el Cordero es digno de tomar el libro de la historia redentora de las manos de Dios y abrirlo. Es un acto real que los veinticuatro ancianos del cielo (que son por así decirlo el concilio de alabanza de Dios) caen sobre sus rodillas en adoración.

¿Sabes lo que son las copas llenas de incienso? El versículo 8 dice que son "las oraciones de los santos". ¿Acaso no significa esto que nuestras oraciones son el aroma del cielo, que dan un grato olor ante el trono de Dios y del Cordero?

Me fortalece y me alienta a orar más a menudo y más vigorosamente, cuando pienso que mis oraciones están siendo almacenadas en el cielo y ofrecidas a Cristo repetidamente en actos celestiales de adoración.

Bendigamos, honremos y adoremos a Cristo aquí abajo con nuestras oraciones, y alegrémonos doblemente de que el concilio de adoración del cielo las ofrece de nuevo a Cristo como un incienso de olor grato, ante el Cordero que fue inmolado. 


No hay comentarios: