miércoles, 26 de noviembre de 2014

Para las pequeñas personas de Dios. Devocional John Piper 04/12

Lucas 2:1-5: "1 Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado.2 Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria.3 E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad.4 Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David;5 para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta"
¿Has pensado alguna vez lo asombroso que es que Dios hubiese dispuesto de antemano que el Mesías naciese en Belén (como muestra la profecía de Miqueas 5)? ¿y que dispuso las cosas de tal forma que cuando el tiempo llegó, la madre del Mesías y su padre legal estaban viviendo en Nazaret? ¿y que para que se cumpliese su palabra y traer a estas dos pequeñas personas a Belén, Dios puso en el corazón de Cesar Augusto que todo el mundo romano debería ser censado cada uno en su ciudad de nacimiento?

¿Te has sentido alguna vez como yo, pequeño e insignificante en un mundo de 7.000 millones de personas? ¿un mundo en el que todas las noticias son acerca de grandes movimientos políticos, económicos y sociales y acerca de gente excepcional con mucho poder y prestigio?

Si te has sentido así, no dejes que eso te haga sentir descorazonado o feliz. Porque en la Biblia está implícito que todas las grandes fuerzas políticas y todos los complejos industriales gigantescos, sin siquiera saberlo, están siendo guiados por Dios. Y no por ellos mismo sino para la gente pequeña de Dios, para la pequeña María y el pequeño José, que tienen que ir de Nazaret a Belén. Dios maneja un imperio para bendecir a sus hijos.

Cuando experimentes una adversidad, no pienses que la mano del Señor se ha acortado. No es nuestra prosperidad, sino nuestra santidad lo que Él busca con todo su corazón. Y con ese fin, gobierna el mundo entero. Como dice Proverbios 21:1: "Como los repartimientos de las aguas, Así está el corazón del rey en la mano del Señor; A todo lo que quiere lo inclina".

Él es un gran Dios para la gente pequeña, y tenemos un gran motivo para regocijarnos en que, sin saberlo, todos los reyes, presidentes, principales y cancilleres del mundo siguen los decretos soberanos de nuestro Padre en el cielo, para que nosotros, los hijos, podamos ser conformados a la imagen de su Hijo Jesucristo.

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