viernes, 11 de julio de 2014

¿Te sientes culpable? La fe expulsa la culpa, la codicia y el temor Devocional John Piper 12/07

1 Timoteo 1:5: "Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida"
La fe en la gracia de Dios expulsa del corazón los poderes del pecado que obstaculizan el amor.

Si nos sentimos culpables, tendemos a revolcarnos en una depresión centrada en nosotros mismos y en la autocompasión, y quedamos incapacitados para ver, y mucho menos para que nos importe, la necesidad de otras personas. También puede que nos volvamos hipócritas para cubrir nuestra culpa, y destruyamos toda sinceridad en las relaciones, o que empecemos a hablar de las faltas de otros para minimizar la culpa de la nuestras.

Lo mismo sucede con el temor. Si sentimos temor, tenemos tendencia a no acercarnos al extraño que viene a la iglesia y que puede necesitar una palabra de bienvenida y ánimo. O puede que rechacemos en nuestra vida las misiones fronterizas, porque suena demasiado peligroso. También es posible que gastemos demasiado dinero en seguros o que seamos engullidos por todo tipo de pequeñas fobias que nos hacen preocuparnos por nosotros mismos y nos cieguen a las necesidades de los demás.

Si somos codiciosos, gastaremos el dinero en comodidades. Un dinero que debería dedicarse a la expansión del Evangelio. No emprendemos nada que sea arriesgado, no vaya a ser que nuestras preciosas posesiones y nuestro futuro financiero se vaya a arriesgar. Nos centramos en las cosas en lugar de en las personas, o vemos a las personas como recursos para nuestra ventaja material.

La fe en la gracia venidera produce amor, empujando la culpa, el miedo y la codicia fuera del corazón.

Expulsa nuestra culpa porque se sostiene con firmeza de la esperanza en que la muerte de Cristo es suficiente para asegurarnos la absolución y la justicia ahora y para siempre (Hebreos 10:14).

Expulsa nuestro temor porque toma fuerzas en la promesa de Isaías 41:10 que dice: "No temas, porque yo estoy contigo; . . . siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia"

Expulsa nuestra codicia porque confía en que Cristo es una riqueza mayor de lo que el mundo puede ofrecer (Mateo 13:44).

En cada caso, la gloria de Cristo se magnifica cuando estamos más satisfechos con su gracia venidera de lo que lo estamos con las promesas del pecado.





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